El Muñeco

de Pedro J. Romero


Ezequiel se detuvo bruscamente. Giró su cabeza y en la lejanía, entre los árboles sin colores, divisó unas luces. Los segundos pasaban acelerados mientras él seguía impávido, como ausente. En un instante dado, prosiguió su marcha en dirección aquellos puntitos luminosos. La noche era ensordecedora y repleta de sonidos confusos. A cada paso que andaba, Ezequiel notaba su respiración más elevada, más acelerada, más profunda. ¿Qué me está pasando? se preguntaba, sin obtener un solo pensamiento como respuesta. De repente:
—¡Hola, me llamo Pepo y soy tu muñeco!
—Uufff, qué susto — exclamó Ezequiel mientras levantaba su pie, y se dijo; “esto me pasa por pisar donde no debo”.
Se agachó y sus manos recogieron un bello y abandonado muñeco autómata de trapo. Levantó la mirada y las luces misteriosas habían desaparecido. Pasó un tiempo y Ezequiel se enteró que en la zona donde se topó con el muñeco había una cabaña en la que vivía un anciano al que muchos conocían como “loco”, “mago”, “ermitaño”, “brujo” y no sé cuantas cosas más. Le dijeron que ese viejo fabricaba muñecos y los dotaba de vida y si alguien los maltrataba, los muñecos fulminaban sus vidas. Creo que solo son chismes, habladurías, pensó Ezequiel. Ha pasado el tiempo y, Ezequiel, ya ha dejado, para siempre, de andar, de pisar muñecos…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s