Doña Enriqueta

De Maifa Rieseberg

10900013_353403261509658_1911744338978312770_o Había buscado, estos últimos días, la posibilidad de asociar un rostro y un cuerpo a esta aparición fugaz de la ventana de enfrente y darle vida dentro de ella, pero el lunes las persianas están bajadas, incluso esta mañana el cartero se paró delante del número sesenta y seis, miró los postigos, meneó la cabeza, suspiró y siguió su camino, cabizbajo.

Su jornada de trabajo concluida, Doña Enriqueta vuelve a casa con el cuerpo dolorido y el alma volátil. Se imagina aventuras extraordinarias mientras sueña que él la invita a un café, le coge la mano, se pierde en sus ojos…soñando, termina por encontrarse de narices con su puerta. Hurga en el bolso y saca las llaves con dificultad, aún muy lejos de la realidad. Una mirada furtiva hacia atrás, las persianas siguen cerradas. Doña Enriqueta se sienta en su sillón preferido, intenta planificar lo que queda de tarde, pero sus pensamientos están prendidos de este desconocido intuido en la ventana de enfrente y que se ha convertido en un agujero negro que le sorbe la vida, que obsesiona su alma, que maltrata su corazón. El gato se instala sobre sus rodillas y ronronea como contrapunto de su obsesión. Se siente ridícula en medio de su salón, elucubrando romanticismos a su edad. Así es ella: se monta películas mucho antes de que sucedan las cosas y, al final, todo resulta una fantasía. Pasan las horas y ella vigila, pero las persianas siguen bajadas, sin una rendija de luz.

De madrugada, Doña Enriqueta se despierta mojada de lujuria, sofocada y algo agitada. El gato la mira con desaprobación. En la casa de enfrente ve la sombra de un cuerpo de vértigo-o eso se imagina- un cuerpo suave, cálido, con abrazos lascivos, besos líquidos recorriendo su cuello.

En el baño se recompone y, como todos los días, Doña Enriqueta sale de casa la mirada puesta en el número sesenta y seis, las persianas siguen bajadas, y el jardín es una selva. Sentada en el autobús, sueña con los calores de madrugada por un cuerpo soñado.

 

 

 

 

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