Muerte y miedo añejo

de Francisco José Blasco:

La noche se está haciendo eterna, cada veinte minutos despierto sobresaltado, cada veinte minutos los pulmones reclaman un aire que les falta. Al llegar al inicio de la madrugada, las sensaciones de pavor y de desencuentro conmigo mismo se hacen más presentes y siguen agonizando en mi interior. A las diez de la mañana (que es cuando siento un leve pinchazo en la mano) soy preparado para mi pequeña muerte y pienso mientras llega, que quizás en el otro lado, todo sea distinto, y que esta vida que ahora dejo con simpleza añeja fue un verdadero sueño en el que no existían las mentiras, y en el que la realidad que llegué a vivir, fue realmente verdadera. Pero desperté, y con el diagnostico de que la gastroscopia había salido normal, finalizó la melancolía del poeta.

 

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