El puñal toledano

de Rosa Lluch Ayza

Resultado de imagen de puñal toledano

Mágica huella que desciendes por mis caderas, predispuestas a la acción intensa. En lugar de dormir. me marchito entre celosías y sedas, tan solo tú, agua, eres mi conduelo.

–¿Cambiar, dices? Cuando lo hagan el mar y las colinas azules. Decidida estoy a entablar disputas con mi puñal toledano, esta noche entre mil y una, si la puerta decide una vez más seguir callada y tus besos vuelen por esta ventana hacia el ocaso y, una vez aquietados resuelvan emprender galope en otras hojas sin domesticar; seguiré tu caballo, hasta sucumbir en sueños.

Frente al espejo, una imagen la sedujo, empezó a frotar la empuñadura con una de las sedas de baldaquín, cientos de estratos de tiempo alzaron el vuelo, dejando el áspid luminoso y desnudo, se acercó curiosa el puñal y la luz de luna le devolvió el rostro adolescente de Al-Mansur acicalándose en el espejo del agua.

Con razón anda rehuyéndome, mi cautivo Abd al-Azid, la misma sangre corre por nuestras venas, pero ¡Al.lah  es grande!

–¡Zahraaaaaaaaa!

Dentro del caparazón des harén, sus lágrimas eran simétricas a las gotas de lluvia que comenzaban a caer.

Anuncios

Ñ

de Nina Peña

El cielo era de un color añil intenso cuando se asomó a la ventana para saludar a un nuevo día que creía lleno de esperanzas e ilusiones.

La añoranza de días como ese: los primeros días de verano, la noche de San Juan, el primer baño en el mar, tenían el regusto de los recuerdos más bellos y de todo aquello que amaba y que se iba perdiendo poco a poco, pero que aún volvían de vez en cuando, con el mismo sabor y la misma intensidad que en la niñez.

Desde la ventana contemplaba el campo, la hierba humedecida de un rocío fresco, los cantos de las aves que posadas en las ramas de los árboles saludaban al sol de un nuevo día, aliñando la mañana, condimentando el momento con coros imposibles y aleteos salvajes.

Saltó por la ventana.

No lo pensó dos veces. Necesitaba tener un poco de frescura, apagar la sed brutal que la consumía. Había estado soñando con botijos de barro y cántaros de brillantes colores, había escuchado el correr pausado del agua en las acequias que desde su cuarto no veía, y ansiaba caminar, debajo de las sombras de los árboles y salir desde ellas al sol, notar en su piel las distintas temperaturas.

Quería quitarse los zapatos y hundir sus pies en las charcas, en las zanjas repletas de agua con las que regaban los huertos que podía adivinar en la lejanía y que la transportaban a un lugar y a un momento añejo, remoto, a parajes olvidados de la infancia cuando los días eran largos, las mañanas frías y los sabores intensos.

Voló, adueñándose del aire cálido que corría por entre las nubes, contemplando el paisaje tan conocido desde una perspectiva tan alta que parecía no ser el mismo que el que había estado contemplando desde los aledaños de una tierra ávida de humedad y frescura.

Voló por encima del campo, por encima de las montañas, por encima de la ciudad que parecía diminuta. El viento mecía su pelo y su camisón largo, acariciaba su rosto y decía su nombre, repitiéndolo una y otra vez.

Era tan feliz.

Una enfermera la contempló desde la cama con los brazos levantados y una sonrisa en la cara. Su vocecita disminuida hacía extraños ruidos de pajarito y sus piecitos descalzos se movían aleteando debajo de las sábanas blancas.

– Ya está volando de nuevo. – le dijo a la otra compañera que, quieta en el dintel de la puerta, la observaba con una sonrisa complaciente.

– Déjala, su alma esta en un patio de recreo, ya vendremos más tarde a cambiarle el pañal.

Muerte y miedo añejo

de Francisco José Blasco:

La noche se está haciendo eterna, cada veinte minutos despierto sobresaltado, cada veinte minutos los pulmones reclaman un aire que les falta. Al llegar al inicio de la madrugada, las sensaciones de pavor y de desencuentro conmigo mismo se hacen más presentes y siguen agonizando en mi interior. A las diez de la mañana (que es cuando siento un leve pinchazo en la mano) soy preparado para mi pequeña muerte y pienso mientras llega, que quizás en el otro lado, todo sea distinto, y que esta vida que ahora dejo con simpleza añeja fue un verdadero sueño en el que no existían las mentiras, y en el que la realidad que llegué a vivir, fue realmente verdadera. Pero desperté, y con el diagnostico de que la gastroscopia había salido normal, finalizó la melancolía del poeta.

 

El señor. Felisa Bisbal

la virgulilla - felisa bisbal - relatos

El señor amaneció extrañamente rejuvenecido, hasta para su viejo mayordomo, que lo conocía desde antes de nacer.

Entre los dos sumaban más de ciento cincuenta años, los mismos que el viejo caserío en el que vivían.

Todo era vetusto y ajado a su alrededor, los muebles pertenecieron a los antiguos señores, padres del actual señor, en esa casa no se había cambiado nada, nunca.

La tierra, tan vieja como ellos, hacía tiempo que ya no daba fruto, todo era polvo, polvo blanco y viento, que sonaba como un lamento del infierno en las noches de invierno. Ocupaba su tiempo en la lectura de los polvorientos clásicos de la literatura universal. No cruzó nunca los límites de su propiedad, aunque era amigo de recibir visitas y conversar compartiendo una copa del buen vino de su propia cosecha.

Los amigos perecieron uno tras otro víctimas de la edad, la reserva de tintos se acabó consumiendo, los alimentos se reducían a unas tristes patatas con zanahoria cuando se quedaban sin suministro de carne.

La tristeza se acopló al señor del lugar como una losa funeraria a la sepultura. Nadie para departir, solo su viejo mayordomo leal hasta la muerte pero de parca conversación. Hacía años que alguna señorita de la zona, pasaba una tarde junto a él y sólo el sirviente sabía que le costaba diez euros convencer a las más marginadas de la sociedad, prostitutas, mendigas, drogadictas, a visitar a su señor fingiendo interés y amistad.

Ese día, el señor se sentía fuerte, tras la visita tan hermosa del día anterior y el mayordomo le guisó un magnífico caldo de esa carne tan sabrosa que conservaba en el enorme congelador.

—Trabajas demasiado y me cuidas como un verdadero padre—. Saboreaba con auténtico frenesí la sabrosa comida.

Cuando cubrió las piernas de su señor para que durmiera la siesta cómodamente, salió, arrastrando los huesos de la última visita hasta el viejo molino y molió y molió hasta convertir el esqueleto de la joven pordiosera en ese polvo blanco que todo lo cubría.

—Lo que sea por usted, señor, lo que sea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cabaña. Mª Carmen Castillo

la virgulilla- la cabañaLA CABAÑA

 

Tenían ocho años cuando la construyeron como símbolo de su independencia, con ramas y restos de ladrillos y palés. Alfie se llevó un buen golpe cuando se desplomó parte del sencillo techo y sufrió varias heridas, al cortar la madera con un serrucho. Nando reveló sus dotes para la organización, porque sin mancharse las manos, dirigió con eficacia toda la operación de construcción. Joselito resultó ser el más previsor, porque aportó un plástico grueso que ataron al techo y evitó que se empaparan durante una épica tormenta de agosto, porque había visto la predicción meteorológica. Marieta surtió de golosinas y bebidas a toda la pandilla, siendo recibida en el refugio secreto con alegría, a pesar de ser una chica. Arturito despreció a sus amigos por pasar el verano metidos en aquel tugurio. Él quería disfrutar de su recién inaugurada libertad, aunque estuviera solo.

Años más tarde, los amigos regresaron al pueblo para asistir al entierro del infeliz Alfredo, quien había sufrido multitud de accidentes, hasta que el último le costo la vida. Fernando dejó su elegante gabinete de arquitectura por un día, aunque era un hombre muy ocupado. José confió a su compañera la predicción meteorológica en la televisión. María les agasajó en su restaurante, el mejor del pueblo y posiblemente de toda la provincia.

Fernando y José preguntaron por Arturo, que no había asistido al funeral de aquel amigo de su infancia. María les contó que se había convertido en un mendigo sin techo, debido a sus ansias de libertad y a su incapacidad para adaptarse. Ahora vivía entre las ruinas de aquella sencilla cabaña.

Cuando fueron a verle, antes de regresar a sus quehaceres, Arturo les miró con una expresión que parecía vacía, pero sus palabras estuvieron marcadas por una amarga sabiduría.

-Parece que la puta cabaña resultó profética en cuanto a nuestro destino, chicos. ¡Me cago en mis muertos! ¡Ojalá hubiera jugado con vosotros aquel verano!

Sus antiguos amigos estuvieron de acuerdo con él.

Nuestras tertulias.

La virgulilla (3)

La tertulia La Virgulilla se reunió ayer, com cada jueves, en la terraza más fresquita de Castellón, la del Cantonet de les Aules (aunque hoy no se estaba fresquito ni allí), para corregir los relatos que acordamos escribir, con destino a nuestro proyecto de revista. Aún no están todos, pero van llegando poco a poco.

También quedamos para participar en la próxima Fería de la Novela Romántica que tendrá lugar en Benicasim desde el 29 de junio al 2 de julio. Precisamente ese domingo 2 de julio, a las cinco de la tarde, tendrá lugar una mesa redonda, moderada por Yolanda Quiralte, donde la tertulia estará presente.

Hablando de una y otra cosa, no sé cómo la conversación derivó hacia el feminismo y la violencia de género. Madre mía, y es que aquí se puede hablar de todo y de nada, pero en cuanto Felisa se impuso, Nina propuso la palabra moribunda a salvar, que esta semana será: zancajos, así que no os preocupéis si veis que los tertulianos la usamos en las redes sociales. Es por una buena causa y os invitamos a que hagáis lo mismo dejando vuestro comentario.

La tertulia. Novela negra vs novela romántica.

La virgulilla (3)

Reportera: Mª Carmen Castillo

Hoy la tertulia “La virgulilla” ha tratado de Novela Romántica (que no “rosa”) versus Novela negra, y de que esta última, a pesar de ser considerada durante mucho tiempo como un género menor, se está abriendo camino y siendo más valorada que la romántica, menospreciada por considerarla no solo un género “menor”, sino únicamente destinada para amas de casa, como si eso fuera peyorativo.

En fin, como he dicho, en la II Feria de la Novela Romántica que se celebrará en Benicasim del 29 de junio al 2 de julio, si alguien se quiere dar cuenta de que no es un género minoritario, que asista (entrada gratuita) y que lo compruebe.

Y como siempre ocurre, una cosa ha llevado a la otra, y de preguntas con el recién incorporado Juan, hemos pasado a las características de una buena sinopsis, a buscar alguna palabra moribunda que rescatar del olvido y de repente estábamos hablando de los supervivientes de los campos de exterminio y de la guerra civil.

Así es como son las tertulias.

Por cierto, la palabra a rescatar es “achiperres” y a lo largo de esta semana nos la veréis utilizar en distintas entradas.

Ya sabéis, recuperar palabras moribundas es una de nuestras misiones, y podéis participar